| En realidad
no quiso ser bailaor hasta que cumplió los dieciocho años;
hasta entonces casi le habían obligado a ello. "Cuando
cumplí los dieciocho, me dí cuenta de que sí,
que sí quería baila, y entré a formar parte
de la compañía de Mario Maya. En ese momento yo elegí
ser bailaor, y entonces empezó a gustarme esta profesión,
porque hasta entonces me sentía obligado a bailar: no era
yo el quien elegía lo que quería ser, y eso me hacía
sentirme mal·.
Tras su paso por la compañía de Mario
Maya, con quien se forjó como bailaor, además de las
enseñanzas de su padre, José Galván, Israel
se presenta en 1996 al Giraldillo del Baile, galardón de
la Bienal de Flamenco de Sevilla. Ganó el primer premio,
y hay quien aún recuerda su inmenso baile por soleá
de aquella solemne noche en el teatro Lope de Vega de la ciudad
hispalense.
"Reconozco -dice el bailaor- que esta profesión
no es normal. A veces me siento como un bicho raro, porque no es
normal cómo viven los artistas, siempre pendientes de la
creación; es algo muy raro, porque o te entregas o no tienes
futuro. Es así de duro esto de bailar. Además no dejas
de darle vueltas a la cabeza sobre lo que quieres hacer día
a día. No desconectas nunca."
Cuando no baila, busca nuevas sensaciones en la
lectura o en la música, pero siempre regresa al baile por
una u otra razón.
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